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Barranquismo Cuenca

Explorando los Misterios de los Ojos de la Mora en Cuenca

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Quién Pintó los Ojos de la Mora

Los Ojos de la Mora es una atracción turística natural ubicada en la ciudad de Cuenca, en la provincia de Castilla-La Mancha, España. Se trata de dos manantiales que emergen de la tierra y forman dos lagunas de aguas cristalinas, rodeadas de un entorno natural envidiable.

Las lagunas están situadas en la ladera del Cerro de la Doncella, una montaña que domina la ciudad de Cuenca. Se accede a ellas a través de un sendero que comienza en el casco antiguo de la ciudad.

El agua de las lagunas es de origen kárstico, lo que significa que proviene de la disolución de rocas calcáreas. El agua es de color azul turquesa y tiene una temperatura de unos 10 grados centígrados.

Las lagunas son un lugar popular para la práctica del baño, el senderismo y la pesca. También son un lugar de interés para los amantes de la naturaleza y la historia.

La leyenda de los Ojos de la Mora cuenta la historia de una joven mora que se enamoró de un soldado cristiano. El amor de la joven era prohibido, ya que su padre la había prometido en matrimonio a un joven moro.

La joven se veía en secreto con su amado en el Cerro de la Doncella. Un día, el padre de la joven descubrió su secreto y la obligó a casarse con el joven moro.

La joven estaba tan desesperada que se arrojó al vacío desde el Cerro de la Doncella. En el lugar donde cayó, brotaron dos manantiales, que se dice que son sus ojos, que miran hacia el casco antiguo de Cuenca.

Cada año, los alumnos de la Escuela de Artes y Oficios de Cuenca pintan dos ojos en la pared del Cerro de la Doncella, en recuerdo de la leyenda.

Los Ojos de la Mora son una de las atracciones turísticas más populares de Cuenca. Son un lugar de belleza natural y un símbolo del amor imposible.

Leyenda de la Mora

En la pintoresca región de Cuenca, España, se esconde un secreto entre las alturas rocosas y los relatos legendarios: los enigmáticos «Ojos de la Mora». Estos impresionantes miradores naturales, conocidos también como el «Ventano del Diablo», son mucho más que una simple formación rocosa: encierran una historia de amores prohibidos y ofrecen vistas espectaculares que desafían los límites de lo convencional.

Sin embargo, adentrarse en este tesoro natural requiere más que voluntad y deseo. No hay un sendero marcado ni una ruta sencilla para llegar a ellos. Es un desafío que exige buen calzado y preparación. Si las alturas te infunden temor, quizás sea prudente admirarlos desde los miradores en la base. Pero si la valentía corre por tus venas, la aventura está asegurada.

Estos ojos, testigos silenciosos de la historia, revelan su majestuosidad de noche, un fenómeno curioso y cautivador que pocas veces se descubre en visitas anteriores a Cuenca. Desde el casco antiguo, asoman en mitad de la roca, un espectáculo visual que despierta la curiosidad.

La ubicación exacta, sugerida por herramientas como Google Maps, es un misterio por sí misma. No te guía hacia la gloria de estos ojos. La verdadera ruta se esconde tras las escaleras que serpentean desde el restaurante hacia la Cruz del Diablo. Desde allí, la visión es perfecta, pero ¡cuidado! El camino está lleno de piedrecitas traicioneras entre los pinos.

Pintados en la roca, algunos pueden considerarlos simplemente una intervención artística, mientras que otros los ven como un adorno curioso que embellece la zona de Cuenca. Su presencia puede pasar desapercibida para los despistados, pero una vez te encuentras en su esfera visual, es difícil resistirse a su atracción.

Algunos viajeros se muestran incrédulos o indiferentes ante estos ojos que desafían lo natural. Pero, entre las callejuelas antiguas de Cuenca, vale la pena encontrar un momento para asomarse y contemplar esta peculiaridad que se muestra en las alturas.

Estos ojos, sin embargo, no son solo un adorno caprichoso. Son testigos de una leyenda de amores prohibidos entre una princesa mora y un caballero cristiano. Una historia de pasión y sacrificio que se materializa en estas pinturas en las cuevas, una intervención que algunos consideran exagerada en un entorno natural.

Es un paseo encantador y cómodo que culmina con una subida ligera, llevándote de regreso al corazón de Cuenca. Es un recuerdo que se graba en la memoria, un susurro en la historia de una ciudad que guarda tesoros en cada rincón, incluso en los ojos que miran desde las alturas.

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